EMOTIVO ACTO EN HOMENAJE A LOS COMPAÑEROS DESAPARECIDOS

 

A las 18.00 horas. Del sábado 15 de diciembre,  los trabajadores de base de la ATILRA provenientes de todas las Seccionales del país. Se concentraron frente a la planta industrial de la empresa SANCOR en Barrio ampliación Palmar.

 

El acontecimiento tuvo una razón excluyente que puede sintetizarse de esta manera: el mejor homenaje a los desaparecidos Pedro Antonio Juárez, Pablo Daniel Ortman, Claudio Humberto Nardini, Raúl Antonio Cassol, Oscar José Dominici y Juan Carlos Galván es exigir juicio y castigo a los responsables de sus desapariciones, y exigir juicio y castigo a los culpables es la única vía concreta de reforzar la democracia.

 

Transcribimos su discurso completo:

 

Compañeras, compañeras, queridos familiares de los compañeros que venimos a honrar aquí: Hace unos pocos, en la reunión de nuestra agrupación María Adrián Cornejo, en Rafaela, reflexionábamos sobre la importancia de tener un proyecto colectivo de vida, sobre la imperiosa necesidad de cualquier organización humana por tener un proyecto común y solidario, y concluimos que ningún proyecto de esas características es posible sin verdad, sin memoria y sin justicia, que es precisamente lo que hoy venimos a reclamar y exigir hoy.

 

Justicia para reivindicar la memoria de los compañeros desaparecidos y también como una aspiración de los cuadros más preciados de esta Organización que me toca conducir, que son los trabajadores de base. Venimos además porque como trabajadores tenemos la obligación de ser custodios del proceso contra los genocidas intelectuales y materiales de los hechos que se están analizando actualmente en el marco del juicio por los crímenes ocurridos en el centro de detención y exterminio La Perla. Unos de los valores fundamentales que tiene el movimiento obrero en general y la ATILRA en particular, es la unión solidaria.

 

También recordábamos en Rafaela lo que decía Armando Tejada Gómez: hay dos maneras de concebir la vida: salvarse solo o salvarse con todos, comprometer el viaje hasta el último náufrago. En esta última concepción residía la razón de ser de nuestros compañeros desaparecidos. El compromiso sigue siendo mantener aquel compromiso que ellos asumieron y la consecuente promesa de no arriar sus banderas. En realidad, el individuo aislado no tiene una misión trascendental en la vida, y la vida no es digna de ser vivida si no la ennoblece un ideal. Es paradójico pero cierto que no vive más aquél que tiene más años sino aquél que se ha comprometido con un ideal.

 

En plena juventud nuestros compañeros Juárez, Ortman, Galván, Dominici, Cassol y Nardini vivieron un compromiso, y ese compromiso los mantiene vivos en todos nosotros, vivos, jóvenes y sólidos, porque sintieron la vida, porque sintieron que la vida necesitaba ideales. José Ingenieros decía que los corazones menguados no cosechan rosas por temor a las espinas. Los valientes saben que es necesario exponerse a las espinas para recoger las flores. Nuestros compañeros fueron a buscar las flores para mejorar la vida colectiva de sus compañeros. Como trabajadores somos plenamente conscientes la dictadura militar fue en realidad una dictadura cívico-militar.

 

Los militares no estuvieron solos. Y digo esto también por lo que vemos que está pasando en los últimos tiempos. Los trabajadores queremos cada día más democracia. Por tal motivo son admitidas las diferencias, los matices de opinión sobre esto o aquel tema, y toda cuestión que por su importancia lo amerite debe discutirse en el orden de la ley y el derecho, como corresponde. Pero no hay que equivocarse de enemigo. El enemigo estuvo y está siempre en la misma vereda. Y también digo que muchos procesos políticos por venir en nuestra querida patria van a provocar que definitivamente se les caigan las caretas a esos mismos adversarios, a esas mismas corporaciones que quieren captar a los de la otra vereda, gente de bien, por supuesto que sí, pero que también puede equivocarse.

 

En estos momentos muchos defensores de las corporaciones económicas, e incluyo desde ya a las corporaciones mediáticas, se han puesto de acuerdo para decir que no hay libertad. ¿De qué libertad nos están hablando? Todos pueden decir hoy lo que quieran, incluso decir que no hay libertad. Vuelvo a preguntarme: ¿De qué libertad nos están hablando? Y les respondo: libertad no había cuando nuestros compañeros fueron desaparecidos, cuando reinaba el terror y la entrega económica mediante la deuda externa y cuando sólo se podía escribir ocultando la verdad. Aquellos mismos que fueron partícipes y cómplices del golpe cívico-militar nos vienen hoy a dar lecciones sobre la libertad, y todavía pretenden que les creamos. Frente a estas campañas, lo que tenemos en claro es que debemos permanecer con la cabeza y el corazón abiertos para reflexionar sobre la identidad real de muchos personajes de la política y de la vida social en general y sobre sus objetivos. Y hay que tratar en la medida de nuestras posibilidades de hacerles saber a esos medios de comunicación cómplices, que sabemos que su vereda no es la nuestra. Vuelvo a recordar a Tejada Gómez cuando escribió: «Hay que hacerse del timón que hacerse del timón. Cambiar el rumbo de manos. Subir de pronto a cubierta, y con este mismo oficio unitario que remamos poner las cosas en orden, limpiar el viento, limpiarnos de los que vienen de arriba traficando y vomitando. Y entonces, proa a los sueños, que la gente está esperando».

 

No vamos a abandonar el compromiso con la memoria vigente por nuestros compañeros desaparecidos, a lo largo y a lo ancho del país. Ustedes saben bien que en todo este tiempo hemos venidos defendiendo cuestiones que hacen a la esencia misma de lo que merece un trabajador, y en este momento en que florece la democracia está cada vez en la superficie que deberemos luchar por un orden social nuevo, donde fundamentalmente los conceptos de verdad y justicia y castigo para quienes han torturado y asesinado a nuestros compañeros y a todos los trabajadores argentinos presida la mesa de cada uno de los trabajadores lecheros. Por los compañeros desparecidos, por Mirta, por todos los familiares, el compromiso de la ATILRA es estar continuamente con ellos. Sabemos lo que queremos y no vamos a aflojar. ¡Hasta la victoria, siempre, compañeros!

 

En el cierre del acto habló la  viuda de Juárez Mirta Pace.

 

La mujer agradeció a Atilra por el acto y pidió por un justo castigo a los genocidas de La Perla, además de referirse emotivamente a la compañera de Juan Carlos Galván, Letizia Bruno, recientemente fallecida, y que fue una luchadora.